Bienestar
Aprendí que soltar es la forma más valiente de sanar
Soltar el control, la velocidad y el pasado fue lo más difícil de mi proceso. También lo más liberador.

En mi historia de transformación te conté que me rodeé de tres médicos maravillosos —un nutriólogo, una ginecóloga funcional y un especialista en medicina integrativa y acupuntura— que me ayudaron a recuperar mi equilibrio.
La doctora de medicina integrativa y acupuntura, al examinarme, me dijo:
Jimena, eres una mujer acelerada que quiere controlarlo todo.
Increíblemente lo notó con mi pulso, mi forma de hablar y al observar mi lengua.
El 30% y el 70%
Los tres médicos fueron muy claros conmigo: nos daremos el 30% con nuestros tratamientos. El otro 70% depende completamente de ti. De tu disposición a cambiar. De tu constancia. De tu compromiso contigo misma.
Lo más difícil fue soltar
- Soltar la mujer que creía que tenía que ser.
- Soltar el control.
- Soltar la velocidad.
- Soltar el pasado.
A veces vamos por la vida diciendo “yo soy así y qué”. A veces no entendemos por qué actuamos de cierta forma, no miramos nuestro pasado, nuestra niñez, y ahí hay situaciones que sanar.
Increíblemente, a mis 40 años tuve que soltar y sanar la separación de mis papás. Entender y aceptar que ya no estaríamos siempre juntos. Aceptar que cada uno merecía continuar su vida, su felicidad, su nueva historia.
Escribir como terapia
En el proceso de ir sanando y soltando esas creencias limitantes, una de las terapias fue escribir. Escribí cartas a mis papás con todo lo que pensaba, sentía, mis rabias y emociones.
No se imaginan lo liberador que es.
Muchas veces solo las escribía y luego las quemaba, como acto de cerrar ciclos. Otras veces tomaba la fuerza y la valentía de leérselas. Al final, fue un proceso sanador para todos.
Mi invitación
No cargues una maleta llena de piedras que no te pertenecen. Ve soltando por el camino las piedras que veas que no te ayudan a ser tu mejor versión.
Sí se puede. Y lo mereces.
¿Necesitas sanar y soltar algo en tu vida?